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  Tennessee
Williams
 


Su Noche de la Iguana

Artículo de Enrique Lafourcade.

...pero no es al acto de morir al que le temo: es al olvido...
Nadie se va a acordar, realmente, de ese Thomas Lanier Williams, borracho, un poco loco, algo escritor, que nació en la dura ciudad de Columbus, Mississippi, un 26 de Marzo de 1911, y se autobautizó "Tennessee".


Al mediodía del 26 de febrero (1983). Al menos, le hallaron hacia las 10:45 de la mañana, en cu cuarto del Hotel Elysee en Manhattan. Su secretario, John Uecker, alarmado al advertir que no respondía el teléfono. "Odiaba a Nueva York e irónicamente aquí murió", dijo su biógrafo oficial, Lyle Leverich.

En su pieza: dos botellas vacías de vino en el tarro de basura. Una tercera en el closet. Y la última, bajo el cadáver del dramaturgo. ¿Causa de la muerte?:  Sobredosis de pastillas. Ataque cardíaco. En la garganta, la tapa de plástico de un frasco de Seconal, un hipnótico. ¿Asfixia? Había sido una noche de pesadillas, la de la iguana que le visitaba para avisarle que algún día se lo iba a llevar. Y esta vez. El solitario, el extraño, el excéntrico Tennessee encontró en París a Francois Sagan Usted es el hombre más dulce de la tierra" le dijo la novelista. Y el dramaturgo:
" ¿Qué puedo decir yo? Tal vez que soy un hombre que siempre tuvo miedo, pero nunca salió corriendo".

Su Infancia: ese "Zoo de Cristal"

Fue el segundo de tres niños de Cornelius Coffin (ataúd) y Edwina (Dakin) Williams, Columbus era un pequeño pueblo caliente, húmedo, triste, hacia 1911. Le bautizaron Thomas Lanier Williams y así firmó sus primeros poemas y cuentos. En 1939 se puso "Tennessee", como un modo de decirle gracias a un sitio donde había pasado años infantiles dichosos. Además, su padre venía pionero de dicho lugar. Su madre "¡ojo!" era cuáquera. Y su abuelo materno, un Ministro Episcopal. En la Rectoría del abuelo aprendió a ver el mundo. "Fue esa combinación de Puritano y Caballero que corre en mi sangre, la que explica los conflictivos impulsos de mis protagonistas".

El padre era un vendedor viajero de ropa y zapatos y solía ausentarse por largos períodos. El muchacho se apegó al Reverendo, y a su hermana mayor, Rosa. Tenía once años, y las piernas casi paralizadas como resultado de una misteriosa enfermedad que los médicos trataron como difteria.

Fueron malos tiempos para el niño. No podía hacer deportes. En el colegio le decían "Sissy", lo que era absolutamente razonable. Menos, el que su propio papá le llamara "Miss Nancy", burlándose del inválido (Homosexual, luego. Freud se anota puntos).

La Rectoría del abuelo, en Columbus, se parecía mucho a su hogar, a pesar del padre itinerante "agresivo y hosco". Su madre llegó a detestarlo. En la biografía de su "Su Tom" ella lo describe como un hombre viril, abrutado, que "gustaba de largas partidas de poker y borracheras". ¿Influyo en el hijo?

Tennessee dirá mucho después: ""Tal vez lo odié entonces. Pero, ciertamente, ya no. El me dio cosas valiosas: me dio una sangre de pelea que necesité, y ahora me está dando, a través de las revelaciones de mi psicoanálisis, la necesidad de perdonarlo, a fin de perdonar al mundo al que él me trajo".

Cuando la infancia se desvanece tras las brumas doradas de ríos y pantanos sureños, la familia va hacia el norte. Saint Louis. El padre tiene un trabajo importante en una compañía internacional de zapatos. Nace el último hijo, Dakin.

Tennessee entra a la Universidad de Missouri. Escribe, lee. La depresión lo envuelve. Por imposición paterna deja de trabajar en la compañía de zapatos. Se rebela, escapa. Y noche tras noche redacta cuentos que ninguna revista quiere publicar. En 1936 está en la universidad de Washington hasta el 37. Alcohol. Extrañas atracciones hacia otros muchachos. Luego en la Universidad Iowa, por 1938, hasta que obtiene su "Bachelor", el grado mínimo de la enseñanza universitaria en los Estados Unidos. Ya está escribiendo obras de teatro que dan pequeños grupos. Una beca Rockefeller le permite concluir Batalla de Angeles, un drama espeluznante, cargado de erotismo. Se estrena en Boston. Produce pánico.  Nunca llega a New York. En 1957 retomará el tema para su Orfeo descendiendo.

La infancia, la adolescencia, terminan. Como dice T.S Eliot: not with a boom, but a whimper.

El éxito

En 1937 su maravillosa hermana llega a la división total, a la esquizofrenia más desolada. Una lobotomía frontal, último recurso, sumerge a Rosa en un crepúsculo mental absoluto. Tennessee sufre horrores. Recorre el país, huyendo, trabajando en lo que venga, hasta llegar a Hollywood, donde obtiene un cargo de scriptwritter. Produce un guión que le rechazan de inmediato. Pero allí, en The Gentleman Caller estaba maduro el origen del Zoo de Cristal. Una nostalgia convulsiva, feroz, la alucinante hermana, el modelo de la hija. Y su propia madre, como esa Amanda Wingfield.

El 31 de marzo de 1945 la obra se estrena en Nueva York. Sorpresa, alegría, entusiasmo. el Círculo de Críticos de la ciudad le otorga el premio a la mejor pieza de teatro del año. Y también obtiene el Donldson y el Sydney Howard. Es, además, la fortuna. Y el comienzo de una largo viaje en un tranvía llamado deseo. Cuando, en 1947, estrena esta segunda obra (Streetcar Named Desire), Howard barnes escribe en el "Heral Tribune": "Es ciertamente el Eugenio O'Neill de nuestro tiempo". El Pulitzer se agrega a muchos otros premios. Sigue la fortuna. Blanche Dubois es interpretado por Jessica Tandy. En el cine lo hará Vivien Leigh.

Madurez, composición, descomposición

Las obras se suceden. Todo parece un sueño. Cat on a Hot Tin Roof, (debió tradcirse como la La Gata sobre el tejado caliente de zinc, ya que no es lo mismo un tejado de alerce o de tejas), el hace exclamar al crítico de "Times", Brooks Atkinson: "Parece como si no estuviera escrita. Es la quintaesencia de la vida. Es verdad pura".

Cancer, alcoholismo, homosexualidad cada vez más sórdida y triste. La furia de Williams es atroz, como si deseara destruir todo el mundo. Sus piernas lesionadas, el pecho corroído. Y  sin embargo, es fuerte, corpulento, casi gordo. Y bajo los bigotes, brillan los ojos azules con auténtica vida.

"Williams sufre de un intenso narcisismo que le impide mirar dentro de sí mismo... (Raymond Rosenthal).

"Tennessee Williams continúa su pública descomposición" (Edwards Murray).

"Si un lagarto de los pantanos pudiera hablar sonaría como Tennssee Williams". (Red Reed).

Y su biógrafo "uno de tantos" Alan Brien, ("Tennessee in Pyjamas"), dirá: "Es un gran ventrílocuo, en ambos sentidos, el de la palabra, el literal, y el metafórico. En sus Memorias hablan con el estómago y además imposta su voz ante quienes le rodean...".

"Los capítulos sobre su infancia y adolescencia "un período no enteramente terminado como él es el primero en sugerir" confirman mi sostenida impresión crítica desprendida de sus trabajos, de que el todo es muchas veces demasiado personal, demasiado íntimo, demasiado incestuoso para ser aceptado...".

El cine viene en su ayuda. Marlon Brando, Katherine Hepburn, Elizabeth Taylor. Williams sigue de escándalo en escándalo. Quiere destruir todo, la inocencia sobre todo. En 1956 escribe para la Warner Brothers el gión de "baby Doll". Se gastan sus metáforas. Poetiza la brutalidad. No logra otra Blanche Dubois, esa especie de "Demoisseelle d'Avignon", anémica y ardiente. Ni repite sus hérores antihéroes, el siniestro viejo "Big Dady" y el polaco lascivo y bruto de Stanley Kowalski.

El mundo se le ennegrece. Como a Truman Capote, tan similar. Busca refugio en otros escritores. Una de sus obras fianles fue "Ropas para un hotel de verano", donde narra escenas de la vida de Scott Fitzgerald y su mujer Zelda. Un fracaso total. Se indigna con los críticos.

"Especialmente Walter Kerr, de "The New York Times". Juzga cada estreno de Broadway como si tuviera los ojos de los ejecutivos del diario clavados en la espalda...". "La frase que más me dolió fue: "Creo que Tennessee Williams es el mejor escritor de Teatro norteamericano, pero su talento no está allí cada vez que lo vamos a ver".

El nieto del reverendo lleva un mal éxito. Odia a Neil Simon por pintar un mundo de pantera rosa. Pero el suyo, de degenerados, prostitutas, lesbianas, niñas perversas, drogadictos, masoquistas, caníbales y sicópatas, tampoco es la verdad. Describió sus obras como tragicomedias.

"No creo que la tragedia sea posible en los Estados nidos. Nosotros no tenemos sentido trágico: estamos en la era de la tecnología. Cuando la melancolía nos golpea nos volvemos hacia algún aparato electrónico", dirá, irónico.

Una clave para entenderlo está en las palabras de Gilbert Murray, en eso que él llamó "la glorificación de la pasión, de cualquier pasión, justamente porque ésta es violenta, abrumadora, irracional...".

En Tennessee fue una marca, su Rosa Tatuada. Vio en el cuerpo a la vez la esperanza y la traición. Vivió ese gelatinoso mundo sureño, el de Curson McCuller, el de William Faulkner. Neurosis, culpas, depresiones. En 1960 no podía hablar de aterrado que estaba. Entonces, para vencer el miedo "como dijo antes Rilke" escribía: "Eligió una vida difícil que requiere del cuero de un cocodrilo y el corazón de un poeta" dijo Arthur Miller. En 1969, en Hong-Kong, su hermano Dakin logró convencerlo para que se convirtiera al catolicismo. Aunque nada podía ya calmarlo. Viejo, adivinando su decadencia intelectual, corriendo a su casa de Key West a su casa en New Orleans. Y de ésta a Acapulco. Y de Acapulco a New York, entre drogas, vino, prostitutos, amigos fantasmales ("la vida no es trágica. Apenas triste") se encerraba con su sicoanalista o a reller "Lady hatterley".

Pero ya todo ha terminado. Fue un toro enfurecido en el Zoo de Cristal. Había que hacer trizas, añicos los totémicos y cristalinos recuerdos de la felicidad. Como el narrador de esta, el propio Williams, sin duda, atragantado, asfixiándose con el plástico (él, tan aficionado a los símbolos) habrá evocado, en una llamarada final:

"Apaga las velas, Laura. Y Adiós".