| |
(Dublín, 1854 - París,
1900)
Nació en Dublín, el 16 de octubre de 1854. Hijo
de un célebre cirujano irlandes y de una madre escritora. Nunca
se interesó por las matemáticas o las ciencias y no participaba
en los juegos y deportes que solían practicar el resto de los chicos
de su edad, a excepción del remo, que practicaba con relativa asiduidad.
En 1864, cuando Wilde tenía de nueve años sus padres andaban involucrados
en escándalos debido a una denuncia interpuesta por una paciente
al padre, Sir Willian Wilde, por una supuesta violación hacia la
chica.
Al final de su carrera
escolar, Wilde recibió el Premio Carpenter del "Nuevo Testamento
Griego". La experiencia de Wilde en la universidad empezó el 19
de octubre de 1871, ingresó en el Trinity College de Dublín. Durante
su vida como estudiante universitario, Wilde se dedicó principalmente
al estudio y a leer todo lo bueno de la literatura inglesa. En 1974
ganó la medalla de oro griego y una beca para cinco años, lo que
le permitió ir a la universidad de Oxford.
Discípulo de Walter
Pater y muy influenciado por el pintor Whistler, en 1891 publicó
una serie de ensayos (Intenciones) que dieron pie a que se le considerase
uno de los máximos representantes del esteticismo, cuyos aspectos
más deslumbrantes y exquisitos puso de manifiesto tanto en su obra
como en su vida. Su repudio de las convenciones y su extravagante
comportamiento le hicieron famoso en los ambientes mundanos de Paris,
Londres y Estados Unidos (donde en 1882 realizó una brillante gira
de conferencias). Se casó en 1884 con Constance Lloyd, una adinerada
mujer con la que tuvo dos hijos, Cyril y Vyvyan, dirigió The
Woman's World, revista de marcada tendencia feminista, y dio
a la imprenta un texto en abierta defensa del socialismo (The
Soul of Man under Socialism). Tras publicar un volumen de
Poemas (1881), sus celebres relatos (El príncipe feliz,
1888; El crimen de Lord Arthur Saville y otras narraciones,
1891), y su única novela, El retrato de Dorian Grey, considerada
una de sus obras maestras, triunfó como autor teatral: El abanico
de lady Windermere (1892), Una mujer sin importancia
(1893) y La importancia de llamarse Ernesto (1895) son muestras
ejemplares de su enorme talento y de la sutileza de sus irónicos
diálogos, con las que Wilde se consagró y que marcan la mejor época
de su vida como escritor.
Durante este tiempo
Oscar Wilde mantiene una relación con Lord Alfred Douglas, Bosie,
en la que primó el despilfarro y una vida alegre, que Douglas "exigía"
a Wilde para continuar con su relación. Poco despues de cumplir
cuarenta años, cuando se hallaba en la cúspide del éxito, la fortuna
abandonó a Oscar Wilde de manera trágica e irreparable: en 1895,
el marqués de Queensberry, padre de lord Alfred Douglas, amante
de Wilde, inició contra el escritor un proceso por ultraje a la
moral: lo acusó públicamente de sodomita, Oscar Wilde no sólo
negó el hecho sino que denunció al marqués por difamación. Unos
hechos que acabaron con Wilde en prisión preventiva, su mujer y
sus hijos tuvieron que huir del país y se declaró en quiebra a Wilde.
Tras cumplir dos
años de condena en prisión, primero en Wandsworth y luego en Reading
(donde escribió De profundis, una larga carta dirigida a
Lord Alfred Douglas). El proceso a Oscar Wilde tuvo resonancia mundial.
Fue uno de los procesos más escandalosos que registra la historia
de las costumbres en la vida moderna. El infamante castigo que lo
remató nos retrotrae a aquellos tormentos que se creían abolidos
desde hacía muchos siglos. El condenado era esta vez uno de los
espíritus más altos de su tiempo y el castigo absurdo, desproporcionado
aun para el más miserable, aniquiló para siempre una sensibilidad
extraordinaria. Todo contribuyó a hacer crecer la figura de Wilde.
Tras salir de la
cárcel marchó a París, donde escribió La balada de la cárcel
de Reading (1898), que fue publicada en Inglaterra de forma
anónima.
Oscar Wilde murió en París, posiblemente de meningitis, el 30 de
noviembre de 1900, convertido al catolicismo, sumido en la ignominia
y en la más absoluta pobreza.
 |
Y
todos los hombres matan lo que aman,
que lo oiga todo el mundo,
unos lo hacen con una mirada amarga,
otros con una palabra zalamera;
el cobarde con un beso,
¡el valiente con una espada! |
| |
|
 |
|
|