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SAFO de Lesbos
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A Una Amada
Paréceme
a mí que es igual a los dioses el mortal que se sienta frente
a tí, y desde tan cerca te oye hablar dulcemente y sonreír
de esa manera tan encantadora.
El
espectáculo derrite mi corazón dentro del pecho. Apenas te
veo así un instante, me quedo sin voz. Se me traba la lengua.
Un fuego penetrante fluye en seguida por debajo de mi piel.
No ven nada mis ojos y empiezan a zumbarme los oídos. Me cae
a raudales el sudor. Tiembla mi cuerpo entero. Me vuelvo más
verde que la hierba. Quedo desfallecida y es todo mi aspecto
el de una muerta...
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Soledad a Media Noche
Se
han puesto ya la luna y las pléyades. Es media noche. Pasa
el tiempo. Y yo sigo durmiendo sola.
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En la Distancia
De
veras, quisiera morirme. Al despedirse de mí llorando,
me musitó las siguientes palabras: "Amada Safo, negra
suerte la mía. De verdad que me da mucha pena tener que
dejarte." Y yo le respondí: "Vete tranquila. Procura no
olvidarte de mí, porque bien sabes que yo siempre estaré
a tu lado. Y si no, quiero recordarte lo que tu olvidas:
cuantas horas felices hemos pasado juntas. Han sido muchas
las coronas de violetas, de rosas, de flor de azafrán
y de ramos de aneldo, que junto a mí te ceñiste. Han sido
muchos los collares que colgaste de tu delicado cuello,
tejidos de flores fragantes por nuestras manos. Han sido
muchas las veces que derramaste bálsamo de mirra y un
ungüento regio sobre mi cabeza.
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Cuasi Ventus
Amor
ha agitado mis entrañas como el huracán que sacude monte
abajo las encinas. Viniste. Hiciste bien. Yo te estaba
aguardando. Has prendido fuego a mi corazón, que se abrasa
de deseo.
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Una Amada Ausente
Te
igualaba a una diosa insigne, y tú te embelesabas con
su canto como con otro ninguno. Pero se fue, y ahora sobresale
entre las damas lidias lo mismo que la luna de rosados
dedos eclipsa todas las estrellas una vez puesto el sol.
Y su brillo baña de plata el mar salobre, e ilumina las
campiñas floridas, donde ha caído el rocío y han brotado
las rosas, el tierno perifollo, las dulces flores del
trébol.
Mas
en el ajetreo de su nueva vida no deja de añorar el cariño
de su amada Atis, y en el pecho le duele de nostalgia
el corazón.
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Un Epigrama
Estas
son las cenizas de Timade. Muertas antes de la boda,
fue a parar al oscuro tálamo de Perséfone. Y una vez
que ella pereció, con un acero recién afilado, todas
sus compañeras colocaron aquí como ofrenda la graciosa
cabellera de sus cabezas.
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