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  SADE, DIVINO MARQUES
 

Si Donatien Alphonse FranÇoise de Sade pudiera leer en un diccionario la definición del término que Richard von Krafft-Ebing acuñó como desviación sexual un siglo después de que el divino marqués escribiera "Justine", tal vez se sintiera halagado o puede que, por el contrario, hiriese su vanidad al considerar que el término le viene pequeño. Lo cierto es que si lo juzgamos por sus escritos, llenos de violaciones, torturas y asesinatos con el único propósito de proporcionar placer a sus héroes, Sade es el ser más maligno que haya existido nunca. A nadie sorprende entonces que pasara veintiocho años en prisión o que acabara sus dias en un sanatorio mental; sin embargo este hombre practicamente fue una negación viviente de sus propios argumentos y nunca cometió asesinato alguno ni ningún otro tipo de crimen, y su encarcelamiento fue poco más que una vergonzosa injusticia.

Su principal mania fue una permanente obsesión por inflinjir y padecer dolor, lo que se conocía como "el vicio inglés" debido a la afición de los ingleses por la práctica de los azotes. Baste recordar que en el siglo XVIII era bastante común que cada prostíbulo tuviera una sala llena de palos y artefactos de sujeción.

Mientras estaba encerrado en la Bastilla escribió "Las ciento veinte jornadas de Sodoma" en un rollo de papel de unos doce metros de longitud, que desapareció durante la toma de la Bastilla para reaparecer muchos años más tarde en Alemania. Pier paolo Passolini hizo una adaptación cinematográfica trasladando la acción de la novela de Sade a la república de Salò o sea, los últimos meses de Mussolini, y convirtiéndola en un alegato antifascista. Todo empieza cuando cuatro libertinos se reunen y planean minuciosamente emplear 120 jornadas en los más inimaginables excesos sexuales. Para ello contratan a cuatro depravadas mujeres cuya función es la de contar historias de su libertina vida así como suministrar un pequeño ejército de 8 muchachas y 8 muchachos. También estan presentes las cuatro hijas de los libertinos y 8 hombres dotados de miembros monstruosos contratados para las voluptuosidades de la sodomia pasiva.

Sade defiende que la Naturaleza manda al hombre al mundo con el único propósito de satisfacer sus deseos.Afirma que debido a absurdos escrúpulos religiosos y morales apenas exploramos la enorme capacidad placentera de nuestro cuerpo y reivindica el egoismo absoluto como método para conseguirlo, mientras ridiculiza el contrato social según el cual establecemos un acuerdo tácito de no hacerles a los demás lo que no querríamos que nos hicieran. Según él no existe la decencia, ni la bondad natural, ni la generosidad, y condiciona la conducta del hombre a los impulsos a que le empuja la naturaleza. Seguramente a él no le hubiera preocupado no ser un ejemplo de sus propias teorías y como muchos de sus modernos defensores habría alegado que su intención era obligar a una sociedad intelectualmente deshonesta a reconocer la falsedad de su moral y de su religión. A principios de siglo se empieza a gestar la idea de que fue un gran incomprendido y entre sus más fervientes defensores se encuentran Maurice Heine, Roland Barthes, Guillaume Apollinaire o Simone de Beauvoir.

"La filosofía en el tocador" es una de las obras más interesantes de Sade. En ella un hermano y hermana incestuosos corrompen a una joven inocente con la ayuda de un libertino. Las lecciones que la joven alumna aprende rápidamente incluyen a la vez teoría y práctica; en esta última hay que señalar que, en Sade, al coito nunca le sucede ni el cansancio ni la tristeza y, por supuesto, jamás es excesivo. Su odio patológico por cualquier tipo de autoridad se manifiesta en las lecciones filosóficas en las que intenta explicar con una concepción relativista de los hábitos sociales que la religión es un engaño, que el crimen no existe, o defiende, con una abundante información sobre la respetabilidad de que gozan en otras épocas o naciones, el incesto, la sodomia, o la promiscuidad sexual.

Esta concepción relativista, llena de sentido para los existencialistas y defensores del inconformismo, es la que puede hacernos leer a Sade como una obra destinada a liberar de prejuicios nuestro espíritu crítico para ser capaces de realizar análisis objetivos y respetuosos con las opiniones más heterodoxas.