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Jack
Kerouac |
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Es
frecuente que una celebridad y la idea que sus admiradores tienen
de ella no se parezcan demasiado: éste es el caso de Jack Kerouac,
a quien los críticos acribillaron, la fama le llegó tarde, sus fans
se negaron a asociarlo con sus obras y acabó fagocitado por el sistema
al que nunca se había propuesto pertenecer.
El escritor norteamericano siempre será recordado por la que ha sido
considerado una de las grandes creaciones de la narrativa del siglo
XX: En el camino. Kerouac puso su particular aportación a la
creación del “movimiento beat”, y se convirtió en uno de sus máximos
exponentes. Pero detrás de su obra, se encuentra un hombre profundamente
marcado por las contradicciones y por el papel que le tocó jugar y
que, sin embargo, no supo afrontar.
Vivió siempre al margen de cualquier regla o estereotipo: fue un brillante
jugador de fútbol americano para obtener una beca en la universidad
de Columbia, cuando su único interés era escribir; se enroló en la
marina mercante durante los años de la segunda guerra mundial; fue
el alma mater del movimiento beat cuando siempre pensó que cualquiera
de sus amigos (Burroughs, Cassady, Ginsberg...) eran más inteligentes
y brillantes que él. Vivió al límite durante la segunda mitad de los
cuarenta y principios de los cincuenta, años en que acumuló suficientes
experiencias vitales para luego plasmarlas en sus libros. Sin embargo,
cuando le llegó el reconocimiento económico y del público él
ya estaba de vuelta de todo, no supo asimilar la popularidad y el
dinero que ésta le reportaba y sus lectores no querían creer que ese
borracho que aparecía en los shows de T.V. había escrito esos libros
llenos de energía y ganas de vivir. De forma inconsciente se había
labrado una reputación de personaje extraordinario.
Kerouac nació el 12 de marzo de 1922 en Lowell, una pequeña localidad
industrial de Massachusetts, en el seno de una familia de origen franco-canadiense.
Su afición al fútbol americano le permite obtener una beca para estudiar
en la Universidad de Columbia. Sus conflictos dentro de la institución
son continuos y sus expectativas no se cumplen, lo que le lleva a
abandonar sus estudios. En este momento, entabla amistad con personajes
como Ginsberg, Carr, Burroughs o Neal Cassady. Se está fraguando la
creación de la llamada “generación beat”.
Kerouac, junto a John Clellon Holmes, acuña el término “Beat”, algo
así como “derrotados”. Pronto, se constituye como una corriente literaria
y primer ejemplo de la juventud rebelde. El movimiento pretende reflejar,
a finales de los años 40, una vida marcada por la depresión económica,
las consecuencias de la II Guerra Mundial y la bomba atómica. El objetivo
final es despojarse de falsas moralidades y mostrar al hombre sincero.
Cualquier postura política es rechazada, por opresiva, y hay una clara
oposición a la actitud en los EE.UU. ante determinadas “enfermedades
sociales” (ante la homosexualidad o el inconformismo, un método comúnmente
aplicado es la lobotomía). Las influencias más cercanas las encuentran
en el jazz, sobre todo el “Bebop”. La libertad de esta música, la
espontaneidad con las que surgen las notas, pronto encontrarán su
reflejo literario en estos autores.
Kerouac empieza a escribir desde muy temprano, influenciado por las
obras de Thomas Wolfe. Publica The Town and the City, con la
que ya consigue algún éxito. Pero tendría que esperar hasta 1957 para
obtener el reconocimiento total, es la publicación de En el camino.
Obra cumbre de la “generación beat”, pronto se convierte en su Biblia.
Sólo por dos de sus obras: "Los subterráneos" y "En
el camino" ya merece un hueco en el olimpo de la literatura del
siglo XX (por otra parte son lo único realmente reseñable de su bibliografía).
Este último libro pasa por ser "la Biblia de la generación Beat",
ya que retrata de forma autobiográfica sus viajes por todo USA y está
protagonizado por todo el plantel de escritores del movimiento: la
realidad supera a la ficción y apenas podemos creer que hayan existido
nunca personajes tan locos, salvajes y, a la vez, geniales.
Kerouac narra sus viajes a través de los EE.UU. con Neal Cassady.
El objetivo final del viaje es San Francisco, el paraíso para Kerouac.
El viaje se desarrolla libre, sin objetivos específicos. De igual
forma, Kerouac desarrolla su estilo narrativo, dejando que la prosa
fluya libre desde la inconsciencia, sin revisar las frases, muy amplias,
incluso sin puntuarlas.
Durante el resto de su vida sigue escribiendo, sin embargo, su gran
obra ya había llegado. A partir de mediados de los 50 continua publicando,
sobre todo novelas escritas durante la juventud. Los críticos literarios
le atacaron gravemente, y nunca supo aceptarlo. Esto, unido a su escabrosa
vida personal, desencadenó el final fatal. Kerouac fue una persona
contradictoria. Casado tres veces, internamente mantuvo una constante
lucha contra su homosexualidad, lo que le llevó a una heterosexualidad
compulsiva.
A pesar de que siempre había tenido éxito con las mujeres,
nunca consiguió durar demasiado con ninguna; la única
relación sentimental duradera que tuvo fue con las botellas
de cutty sark. Durante sus últimos años Jack vivió
con su madre, a la que siempre había adorado. Kerouac murió
el 21 de octubre de 1969 de rotura de variz esofágica, o sea,
de borracho; triste colofón
para la vida intensa e inconformista de un hombre que sólo
se encontró en su sitio a finales de los cuarenta viajando
de un sitio a otro con sus amigos y con su talento todavía
por demostrar.
Al final de su vida se volvió conservador, apoyaba la guerra
de Vietnam y la caza de brujas anticomunista. Sus posturas se acercaron
a los idearios de los supremacistas blancos y ultracatólicos, mientras
que renegaba en todo momento de su homosexualidad. Aún así, sus dos
obras fundamentales, En el camino y Los subterráneos,
quedarán como obras maestras imborrables de la literatura norteamericana.
Tampoco podrá desdeñarse su aportación al “movimiento beat” y a sus
ideales de libertad, siendo su componente más racional. |
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