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Konstantino Kavafis

A la entrada del café

Algo que dijeron a mi lado atrajo
mi atención, a la entrada del café.
Vi entonces aquel hermoso cuerpo que parecía
haberlo creado Eros de lo hondo de su experiencia,
modelando con deleite la simetría de sus miembros;
irguiendo, escultural, su talla;
modelando con ternura el rostro infundiéndole con el tacto de sus manos
la emoción en la frente, en los ojos y en los labios

   
 


Deseos

Como bellos cuerpos que la muerte tomara en juventud
y hoy yacen, bajo lágrimas, en mausoleos espléndidos,
coronados de rosas y a sus pies jazmines -
así aquellos deseos de una hora
que no fue satisfecha; los que nunca gozaron
el placer de una noche, o una radiante amanecida.

   
 


Vuelve

Vuelve otra vez y tómame,
amada sensación retorna y tómame -
cuando la memoria del cuerpo se despierta,
y un antiguo deseo atraviesa la sangre;
cuando los labios y la piel recuerdan,
cuando las manos sienten que aún te tocan.

Vuelve otra vez y tómame en la noche,
cuando los labios y la piel recuerdan...

   

 

Desde las nueve (1918)

Las doce y media. Deprisa ha pasado el tiempo
desde las nueve en que encendí la lámpara
y me senté aquí. Estaba sentado sin leer
y sin hablar. Con quién iba a hablar
yo solo en esta casa.

La imagen de mi cuerpo joven,
desde las nueve en que encendí la lámpara,
llegó y me encontró, y me evocó
cerradas alcobas perfumadas
y el placer ya pasado - ¡qué osado placer!

Y trajo a la vez ante mis ojos
calles que ahora ya no reconozco,
lugares llenos de vida que desaparecieron
y teatros y cafés que una vez fueron.

La imagen de mi cuerpo joven
vino y me trajo la tristeza:
lutos de familia, despedidas;
sentimientos de los míos, sentimientos
tan poco atendidos de los muertos.

Las doce y media. Cómo ha pasado el tiempo.
Las doce y media. Cómo ha pasado los años.

   

 


Fui

Nada me contuvo. Liberado completamente fuí.
Hacia los goces, poco reales,
poco elaborados que creó mi espíritu,
fuí en medio de la noche iluminada.
Y bebí vinos fuertes, tal como
beben los audaces del placer.
   
 


Recuerda cuerpo

Cuerpo, recuerda no sólo cuánto fuiste amado,
no solamente las camas en que te tendiste,
sino también aquellos deseos de ti
que brillaban en los ojos claramente,
temblaban en la voz- y que algún
obstáculo fortuito hizo vanos.
Ahora que todo ya es parte del pasado,
casi parece como si a aquellos deseos
te hubieras entregado, cómo brillaban,
recuerda, en los ojos que te miraban,
cómo temblaban en la voz, por ti, recuerda, cuerpo.
   
 


Una noche (1915)

Era pobre y sórdida la alcoba,
escondida encima de la equívoca taberna.
Desde la ventana se veía el callejón
sucio y estrecho. De abajo
subían las voces de unos obreros
que jugando a las cartas mataban el tiempo.

Y allí, en una cámara mísera y vulgar,
poseí el cuerpo del amor, poseí los labios
sensuales y sonrosados por el vino -
sonrosados de tanto vino que incluso ahora,
cuando escribo, después de tantos años,
en mi casa solitaria, vuelvo a embriagarme.

   
 


Grises (1917)

Mirando un ópalo casi gris
recordé unos hermosos ojos grises
que había visto hará unos veinte años...
..............................................................
Nos amamos un mes.
Marchó después a Esmirna, creo,
a trabajar allí y no nos vimos más.
Se habrán empañado - si vive - aquellos ojos;
ajado estará aquel rostro hermoso.
Guárdalos tú, memoria mía, como eran.
Y cuanto de mi amor puedas, memoria,
cuanto puedas, tráemelo de nuevo esta noche.

   
 


Dias de 1901 (1927)

Lo verdaderamente excepcional en él,
es que a pesar de su vida disoluta
y de su larga experiencia en el amor,
sin que su aspecto dejase de estar
perfectamente acorde con su edad,
habla momentos - aunque ciertamente
raros - en que daba
la impresión de una carne casi intacta.

La belleza de sus veintinueve años
que tanta voluptuosidad provocara,
recordaba de pronto extrañamente
a un efebo que - con cierta torpeza - al amor
por vez primera rinde su cuerpo intocado.

   
 


Días de 1909, 1910 y 1911 (1928)

Su padre fue un viejo marino, muy pobre
(de una isla del Egeo).
Y él trabajaba en una fábrica. Miserablemente vestido,
con ropas que nada le iban a su belleza.
Sus manos sucias de óxido y de aceite.

Por las tardes, cuando cerraban la fábrica,
vagabundeaba por las calles, loco por poder
comprarse una corbata cara,
traje de fiesta,
o frente al escaparate de una tienda una camisa
azul particularmente amada,
y vendía su cuerpo por uno o dos táleros.

Yo me pregunto si en los tiempos antiguos
Alejandría tuvo un hombre de belleza más soberbia
que éste - también ahora olvidado y perdido:
ciertamente nadie hizo jamás su estatua o su retrato;
perdido en una fábrica,
rápidamente fue gastado por el trabajo,
destruido por una estúpida y atormentada incontinencia.

   
 


La espalda vendada

Dijo haberse golpeado contra un muro o haberse caido.
Pero otra quizás fuéra la razón
de su espalda herida y vendada.

Al hacer un gesto demasiado brusco,
para intentar coger de un mueble
unas fotografías que quería ver de cerca,
la venda se movió y brotó un poco de sangre.

Le vendé de nuevo la espalda,
lo hice con todo cuidado, muy despacio,
y contemplé encantado aquella sangre. Porque esa
sangre era algo de mi amor.

Cuando se fue, sobre una silla encontré
un jirón enrojecido de la venda,
un jirón que parecía como si fuese a sangrar;
y lo llevé a mis labios,
y ló guardé muchas horas
--sangre del amor en mis labios.

   
 


Melancolía de jason

El envejecimiento de mi cuerpo y su apariencia
son heridas de terrible puñal.
Resignacion no tengo.
A tí recurro oh arte de la Poesía,
pues algo sabes de remedios;
tentativas de envolver el dolor en la Imaginación y la Palabra.

Son heridas de terrible puñal.-
Ahora tráeme oh arte de la Poesía
tus consuelos para que -aunque sólo sea por un instante- no perciba la herida.