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  La insensata geometría del amor
  La insensata geometría del amor es la primera novela de Susana guzner que decide publicar. La faja de portada es de Rosa Montero, que dice: "Una novela que te lleva por su lectura como quien navega velozmente por un río, con una historia a veces tierna, a veces desagrada, por momentos desternillante y, en su conjunto, caliente y agitada como la vida". La novela, además de contar con estas dosis de pasión amorosa, es sobre todo una obra de intriga, casi negra.

Susana Guzner ha asegurado que la intriga, el misterio sobre la verdadera identidad de Eva, es tan grande, que ella misma, a pesar de ser la autora se sorprendió con el desenlace de la novela. Guzner consigue mantener la atención hasta la última página sin que quien lea la obra sepa qué va a suceder. "Fueron las propias protagonistas las que me dijeron 'ahora limítate a escribir lo que ves". El último capítulo fue totalmente distinto a lo que yo tenía en mente", aseguró Guzner a los medios de comunicación.

Susana Guzner ha declarado que siente un interés especial por las mujeres y por los temas lesbianos. En "La insensata geometría del amor", la autora ha creado unos personajes creíbles que, si bien viven una relación lésbica, no se enfrentan a los típicos problemas derivados de su condición de lesbianas sino a los particulares de dos personas que se ven inmersas en una pasión misteriosa.


Artículo de Patricia Valladares

En "La insensata geometría del amor", Susana utiliza como excusa el encuentro fortuito de María y Eva para iniciar una navegación atildada y laberíntica por la naturaleza de las relaciones humanas. La narración sólida y sutil que vertebra este "thriller amoroso" impone ­con paradójica justicia distributiva­ una lectura tan ditirámbica como el esforzado ejercicio de entendimiento que emprende la narradora (María) en un intento desesperado por aprehender las insensateces a las cuales hace referencia el título.

"Es precisamente ese juego de percepciones de continuos claroscuros y de visibilidades tornasoladas ­comenta la autora­ las que hacen posible la representación verosímil de las relaciones humanas. Nadie se enamora "razonablemente", nadie sufre, goza o se atormenta "adecuadamente". El juego de parábolas es la esencia misma del espíritu. Y estas aparentes paradojas valen tanto para la vida real como para la ficción".

Psicóloga y terapeuta de formación, Susana Guzner acude hábilmente a los artificios del oficio para exponer sin restricciones a sus personajes y para imponerle a los lectores, no sólo el rol de observadores, sino ­también- aquél de jueces morales de sus vivencias. A cuentagotas nos va sumergiendo en las vidas de estos personajes, al tiempo que nos pasea de la mano por la geografía amorosa de sus protagonistas (Roma, Venecia, Madrid) a través de una prosa elegante, astuta y rica en digresiones que van recreando los pequeños universos de sus habitantes.

El repliegue intertextual que nos regala Guzner encuentra su mejor asidero en la música, la misma que permite a los lectores pulsar el estado de ánimo de María y seguir su evolución emocional. La música marcará, igualmente, el ritmo de lectura hasta sonar impetuosa en el tan inesperado final de la novela (revelarlo sería de una mezquindad inconfesable).

Sin afanes panfletarios, Guzner ha salido airosa en su intento por atacar varios de los mitos asociados con las relaciones lésbicas. Por una parte, la sexualidad de las protagonistas no es una reacción a penosos antecedentes de relaciones con hombres y, por otra parte, los encuentros sexuales que sostienen María y Eva ­con ciertos visos de violencia por parte de ésta última­ no responden, necesariamente, a las construcciones culturales que definen estas prácticas sexuales como "inoperantes" o "baldías", obviamente, desde la perspectiva dominante: "Según el androcentrismo ­arguye Guzner­ sólo un hombre puede satisfacer "completamente" a una mujer (aunque sea eunuco); no hay goce sin penetración fálica; las mujeres "hacen cositas" en la cama pero eso no es una "auténtica" relación sexual; entre mujeres sólo es posible la ternura y los mimos a imagen y semejanza de dos niñas que juegan con sus muñecas".

Talentosa, generosa y honesta, Susana Guzner se abre paso en el panorama editorial hispanoamericano con esta publicación. Pero que nadie se lleve a engaño con la hondura de su propuesta. No estamos ante un texto enjundioso y academicista sobre el amor lésbico, sino ante una excelente novela con todos los condimentos necesarios como para atrapar desde la primera frase en una telaraña sutil a base de diálogos vivaces e intensos, un dibujo de personajes y situaciones sumamente verosímiles, excelentes toques de un humor tan irónico como efectivo y un ritmo trepidante que no deja resuello hasta el punto final, como en las mejores novelas del género negro. Rosa Montero nos la define así: "una novela que te lleva por su lectura como quien navega velozmente por un río, con una historia a veces tierna, a veces desgarrada, por momentos desternillante y, en su conjunto, caliente y agitada como la vida". Nada más. O nada menos.

Patricia Valladares