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    Una mirada a los estudios de género  
   

Es importante recordar que los estudios sobre género y educación han florecido fundamentalmente en comunidades académicas de instituciones universitarias de países del mundo anglosajón, aunque se pueden identificar trabajos importantes en las mismas temáticas realizados por especialistas de Francia, Italia, España y en los últimos años han comenzado a extenderse por todo el ámbito iberoamericano, incluyendo el contexto nacional.

Con base en los estudios desarrollados en países como Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, en los cuales se ubican el activismo político inicial y la producción académica de carácter feminista, Acker reconoce que, con sus correspondencias en el análisis educativo, pueden identificarse tres enfoques fundamentales seguidos por la teoría feminista contemporánea occidental, como son el feminismo liberal, el feminismo socialista y el feminismo radical.

El feminismo liberal ha sido el más duradero y perceptible aún, pugna por la igualdad de las mujeres y por cambios democráticos no revolucionarios; el feminismo socialista postula la influencia de relaciones entre clase social, patriarcado y opresión de las mujeres; y el feminismo radical plantea severas críticas a la dominación masculina y da prioridad al papel de la sexualidad en la explicación de la opresión de mujeres y niñas.

Acker reconoce, no obstante, la aparición reciente de nuevas tendencias en la teoría feminista, como las surgidas por las influencias postmodernas y postestructuralistas, las cuales consideran, cuestionando que en vez de una identidad estable, las personas tienen "subjetividades", y que éstas no pueden dejar de estar influidas por el género, concepto que se ha contemplado como una potente categoría de análisis social y cultural, hacia donde se ha dirigido la producción académica derivada de los enfoques iniciales.

Se han realizado también importantes aportaciones desde los enfoques psicoanalíticos del feminismo francés, así como la incorporación de los estudios sobre raza, y más adelante la irrupción de los estudios culturales y postcoloniales, que han mostrado que el género no es un rasgo esencial (biológico) sino construido (socio-culturalmente), que no todas las mujeres y las niñas son oprimidas de la misma forma, que no todos los hombres y niños actúan de acuerdo con la identidad masculina hegemónica y que algunos también son oprimidos, así como la manera en que otros aspectos culturales interactúan en la construcción de las identidades de género en distintas épocas y sociedades.

Asimismo, y según otro rasgo, se identifican también en este campo dos tendencias en debate frente a la consideración de las diferencias sexo-genéricas.

Estas posturas se refieren en ocasiones como el debate entre "minimalistas" y "maximalistas", o como la polémica sobre "la igualdad" y "la diferencia", según se enfatice en las similitudes entre hombres y mujeres como base teórica de la igualdad de género (minimalistas), o se haga hincapié en las diferencias (como hacen las maximalistas, entre las que sobresalen las feministas radicales italianas y quienes comparten el enfoque del feminismo de la diferencia).

La historia de este paradigma emergente y en construcción, de carácter marcadamente multi e interdisciplinario, puede sintetizarse como el desplazamiento, con coexistencias e interdependencias, de los "estudios feministas" (con las aportaciones de los diversos enfoques del feminismo) hacia lo que se conoció posteriormente como el movimiento de los "estudios de mujeres", y de ahí a la más reciente etapa de los denominados "estudios de género", con las aportaciones de los estudios culturales y postcoloniales (donde se ha pasado, a su vez, de la exclusiva e inicial atención al estudio de las identidades femeninas a la reciente inclusión del estudio de los hombres y las masculinidades, así como al aún incipiente estudio de las identidades múltiples que se entrecruzan en las relaciones sexo-genéricas, con la irrupción de los estudios gay y lésbicos de la última década del siglo XX a la actualidad).


Los estudios de género en la educación

En la línea de las tendencias y los debates referidos, la investigación sobre el impacto de las variables sexo-género en la educación se reconoce desde hace tiempo como una tradición en el ámbito anglosajón y se ha incorporado también al contexto iberoamericano.

Así, de las preocupaciones iniciales por el estudio de las diferencias en el aprendizaje y aprovechamiento escolar entre niños y niñas, del análisis de los estereotipos sexuales y de las denuncias de trato desigual y desventajoso para las niñas y maestras en los procesos educativos, se ha dado paso a nuevas líneas y metodologías de investigación que han estudiado en los distintos niveles educativos y contextos la inculcación del género en las escuelas, analizando las expectativas del profesorado respecto a niñas y niños, las prácticas e interacciones en las aulas o patios de recreo y los ritos escolares, la diferenciación del currículum entre niños y niñas o las trayectorias de las mujeres docentes, entre muchos otros temas.

No obstante, además de las aportaciones conceptuales derivadas de los pioneros estudios feministas sobre las nociones de patriarcado y androcentrismo, en el campo de las investigaciones sobre las diferencias y desigualdades sexo-genéricas en la educación, el estudio del sexismo ha ocupado un lugar destacado y ha sido una categoría central en el ámbito de los ahora denominados estudios de género en educación.

Así, aunque con variaciones, se ha utilizado el término sexismo para designar aquellas actitudes que introducen la desigualdad y la jerarquización en el trato que reciben los individuos sobre la base de la diferenciación sexual, y la noción del sistema sexo/género para distinguir entre los hechos biológicos (sexo) y los sociales (género).

Con todo y que se reconoce que durante el desarrollo infantil hay muchas influencias medioambientales sobre la socialización de niñas y niños hacia los papeles o roles adultos, y que estas influencias incluyen a los padres y la familia, los medios de comunicación y la experiencia escolar, por su importancia en el desarrollo del lenguaje y del aprendizaje en la escuela.

El estudio del sexismo en los libros de texto se ha tratado ampliamente en diversos trabajos a través de los cuales se ha documentado y denunciado la invisibilidad o la reducida presencia de las mujeres respecto a los hombres en los libros de texto de distintos niveles escolares y asignaturas, lo mismo que en libros de literatura infantil, en diccionarios y gramáticas, en videojuegos y en programas informáticos, identificando estos sesgos tanto en el contenido, como en el lenguaje, en las ilustraciones y en la autoría.

Así, se ha denunciado no sólo que las niñas y las mujeres son retratadas con menos frecuencia que los niños y los hombres en los libros y materiales curriculares, sino también que ambos géneros son frecuentemente presentados en términos estereotipados y que finalmente esto resulta limitante para todos.

Asimismo, como resultado de algunos estudios, se han propuesto criterios e instrumentos para la identificación de manifestaciones de sexismo en libros de texto, programas informáticos y en otros materiales y recursos educativos.

De igual forma, desde la década de los años ochenta, diversas organizaciones y publicaciones promovieron la adopción de reglas sobre el uso no-sexista del lenguaje, y más recientemente sobre contenidos no sexistas, aunque hay especialistas que consideran que todavía no hay una conciencia generalizada de la existencia del sexismo.

Por otra parte, en el contexto de la crisis detectada en el ámbito anglosajón debida a la percepción de los altos índices de violencia, fracaso escolar y bajos resultados académicos de los varones, y en coherencia con la evolución teórica de los estudios de género hacia el reconocimiento de la necesidad de explorar las identidades masculinas, pueden ubicarse trabajos más recientes.

En estos estudios se reconoce el carácter marcado por el género de las prácticas de escolarización, y se pone el acento en los problemas que presentan los alumnos varones en este campo, o se hacen propuestas para intervenir sobre la construcción de las identidades masculinas a través de experiencias escolares específicas como la de la lectura.

Entre las recomendaciones para intervenciones prácticas derivadas de los estudios e investigaciones sobre género y educación se encuentran: incrementar el balance o equilibrio de las representaciones de género en los programas, libros de texto y materiales curriculares para el alumnado y para la formación de docentes y eliminar los estereotipos; equilibrar con perspectiva de género la práctica docente (aumentar la presencia de profesores varones en los niveles de educación inicial y preescolar, o en los primeros grados de la educación primaria, así como en actividades curriculares de lectura, artes, actividades domésticas o de cuidado, y aumentar la presencia de profesoras en la educación secundaria, media superior y superior, así como en las áreas curriculares de ciencias, matemáticas, tecnología, educación física y deportes); incrementar la presencia y participación de mujeres en los puestos directivos, de supervisión y de liderazgo en los sistemas educativos; promover la participación de los padres varones en las actividades escolares y en la atención y apoyo al desempeño escolar de sus hijos e hijas; proporcionar modelos positivos y no estereotipados de comportamiento por parte del profesorado tanto para niñas como para niños; desarrollar programas para afrontar la violencia, el acoso u hostigamiento sexual y el embarazo precoz en el contexto escolar; implementar programas de potenciación o empoderamiento de niñas y mujeres y de sensibilización de niños y hombres con enfoques de género entre el alumnado y el profesorado.

De la misma manera, como resultado de algunos estudios, se insiste en que es importante que las y los docentes reconozcan y articulen inicialmente sus propias actitudes, antes de usar estrategias para identificar estereotipos de género en los materiales curriculares y de pretender intervenir para desarrollar percepciones equitativas en el alumnado.

Con todo y la abundancia de trabajos realizados y de sus aportaciones, es evidente que se requiere continuar desarrollando la investigación sobre las diferencias sexo-genéricas a través de todo el currículum escolar, tanto en los aspectos correspondientes al currículum explícito, es decir, el análisis de los planes, programas, libros de texto, acervos de las bibliotecas, programas informáticos y demás materiales educativos, como en lo referente al currículum oculto.

Es decir, que entre otros aspectos, resulta de fundamental importancia ampliar el conocimiento sobre la utilización de los libros y materiales curriculares, los usos del lenguaje y las interacciones del alumnado en las aulas y demás espacios escolares, la organización y funcionamiento de los centros educativos, los usos del tiempo y los espacios institucionales, el papel del profesorado y su formación, la actuación de las madres y padres de familia, entre otros aspectos.

Para la investigación futura en el campo de los estudios de género en educación, tan necesarios de desarrollar aún en nuestro contexto local y nacional, es importante ir más allá de las iniciales denuncias del sexismo y de refinar las categorías y herramientas conceptuales y metodológicas de estudio de los fenómenos, para proponer alternativas de explicación y de intervención que permitan transformar las condiciones de desigualdad sexo-genéricas que se resistan a desaparecer o que se vuelvan más sutiles y difíciles de reconocer en el ámbito escolar.

Se requiere, así, introducir una mirada renovada para revisar todo lo que se ha desarrollado hasta ahora, así como para visualizar el amplio territorio que espera ser explorado y transformado para lograr la deseada equidad entre hombres y mujeres a la que se aspira en nuestra sociedad.

 

Martes, 02 de Enero de 2007
Fuente: Elporvenir.com

Manuel Antonio García Treviño
(Director de Equidad Educativa de la Secretaría de Educación).