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Poeta,
novelista, autor dramático, critico, dibujante, pintor, decorador,
periodista y realizador cinematográfico, Jean Cocteau el artista de
las innumerables facetas en el arte francés contemporáneo, eligió
acertadamente como símbolo una estrella con la cual siempre rubrica
su nombre y cuyos ángulos encarnan las facetas de su talento múltiple.
Nació el 5 de Julio de 1892 en Maisons-Lafitte (Francia). Su familia
pertenecía a la alta burguesía parisiénse; su padre fue un notario
volteriano, y en el ambiente intelectual que él frecuentó, pudo conocer,
desde muy joven, el mundo de las letras. Educado en los mejores colegios
de Francia, fue siempre considerado un niño prodigio, y esto le iba
a permitir decir más tarde: "Yo era célebre en París a los quince
años". A esta edad ya componía versos a la manera de Rostand, que
recitaba en los salones literarios. Su inteligencia le hizo percibir,
sin embargo, el peligro que ésta su propia facilidad entrañaba. "Yo
estaba cargado de electricidad –agregó- quiero decir, del espíritu
de la poesía, de una poesía sin forma, pero era, incapaz de forjar,
para expresarla, un aparato transmisor y me sentía atónito al mismo
tiempo, ante las alabanzas de dudoso valor y la lectura de malos libros.
Me pasaba entonces todo el tiempo girando sobre un mismo punto, como
una persona enferma que tratara de dormirse. Me arrastraba, absurdamente
hinchado de orgullo, pero estaba enfermo de mí mismo y hubiera muerto
gustosamente. Fue la Condesa de Noailles la que me impartió su amor
por la vida... Poco a poco, caí en el sueño de un sonámbulo. Este
se convirtió en mi estado normal y sin duda continuaré durmiendo hasta
el final. Entonces me lancé a la búsqueda de mí mismo. La primera
persona a la cual encontré fue André Gide. ¡ Cómo le envidiaba su
infancia protestante! Lo observaba con su Biblia en la mano, patinando
extrañamente sobre aguas rusas y escribiendo en ellas su nombre con
una hermosa caligrafía inglesa. Nuestra amistad me dio fuerzas".
Cocteau publicó su primer volumen de versos en 1910. Se titulaba "Le
Prince Frivole" (El. Príncipe Frívolo) y fue seguido, en 1913,
por otro más grave: "La Danse de Sophocle". Luego descubrió
que la poesía no es un juego "sino una bestia que nos devora, un ángel
conminativo, el mensaje de aquellos que viven a aquellos que mueren".
Este descubrimiento correspondió a una aguda crisis en su vida, de
la que resultó una de sus obras más célebres: "Le Potomak" (1913-14).
"Había empezado ridículamente con un éxito loco -dice. "A los 20 años
comprendí mi ridículo. "Le Potomak" pone término a este período
de pesadillas. Después de "Le Potomak" busco mi ruta y la buscaré
hasta mi muerte. A nuestra muerte, nuestras búsquedas cesan de ser
búsquedas y se convierten en nuestra obra".
Al estallar la Guerra, Cocteau se dirigió al frente, volando con el
famoso aviador francés Garros. Su sensibilidad sacudida por el espectáculo
de la Guerra le hizo volverse brevemente al catolicismo en señal de
revuelta contra el dios de la máquina. Publicó entonces sus "Discours
du Grand Sommeil" (Discursos del gran Sueño), poemas escritos
durante la Guerra y traducidos, según su expresión, "de aquel idioma
muerto y aquella tierra muerta en la cual están muertos mis amigos".
La revelación del "ballet" ruso lo orientó hacia nuevos caminos. Fue
entonces también cuando trabó amistad con Stravinsky, Apollinaire,
Erik Satie y Picasso, amistad de la qué brotó una fuente de renovación
con la cual se nutrieron la literatura el arte del período comprendido
entre ambas guerras mundiales, a tal punto que trazar la carrera de
Jean Cocteau significa trazar la historia de una parte de está literatura
y de este arte.
Buscando una poesía teatral que "se viera desde lejos", Cocteau colaboró
con Picasso y Satie en el "ballet" "Párade" (1917), farsa de circo
"que quisimos revestir de la melancolía que tienen los circos el domingo
por la noche, cuando la sinfonía final obliga a los niños a meter
el brazo por la manga de su gabán mientras echan una última mirada
a la pista".
En 1918, publicó un nuevo volumen de versos titulado "Le Cap de
Bonne-Esperance" (El Cabo de la Buena Esperanza), con poemas breves
a la moda vanguardista, al que siguió "Garros, Laviation" y
un volumen de crítica musical titulado "Le Coq et l'arlequin"
(El Gallo y el Arlequín), en que lanzó al grupo de músicos denominados
"Les Six", compuesto por Satie, Milhaud, Poulenc, Aunc, Gedmaine Tailleferre
y Honneger, cuyo objetivo era hacer "una música a la medida del hombre...
una música a ras de tierra, una música de todos los días".
En 1920 Cocteau descubrió a Raymond Radiguet, el famoso novelista
muerto prematuramente, quien se hizo célebre de la noche a la mañana
con dos novelas: "Le Diable et le Corps" y "Le bal du Comte
d'Orgel". Cocteau fundó con Radiguet; al que llamaba "el milagro
del Mame", una revista titulada "Le Coq", qué apareció desde mayo
a noviembre de 1920. En seguida, hastiado del modernismo que quería
divinizar a la máquina, fundó, con Max Jacob, Derain y Picasso, la
Liga Anti- Modernista. "La palabra "moderno" es absurda -afirma Cocteáu.
Decir "Yo soy moderno", equivale a decir "Nosotros, caballeros de
la Edad Media". No hay poesía moderna. Hay la poesía qué es de siempre,
como la electricidad, e igual que ésta, obra sobre las masas por fuera
del arte y hay personas que le fabrican pequeños vehículos. Son lós
artistas".En 1920 estrenó en el Teatro de los Campos Elíseos un nuevo
"Ballet": "Le Boeuf sur le Toit" (El Buey en el Tejado), una
sátira sobre la prohibición norteamericana, con música de Darius Milhaud
y la cooperación de los Hermanos Fratellini, los más famosos "clowns"
de Francia. En esta obra, en que transportó a escena un bar americano,
suceden toda clase de cosas inesperadas: un marido ofendido por los
amores de su esposa con el "barman" negro, enarbola su bastón sobre
la cabeza de éste y lo mata, después de lo cual entra un guardia,
al cual el ventilador le succiona la cabeza, pero él se la vuelve
a poner y se va. La obra se representó en medio de un escándalo considerable.
A raíz de este éxito se fundó en París un bar que se llamó "Le Boeuf
sur le Toit" que todo el mundo creyó era de propiedad de Cocteau,
pero él lo negó diciendo que su única participación fue permitirle
a Louis Moyses, el dueño, que utilizara el título de su "ballet".
En 1921, Cocteau estrenó una nueva obra, que causo no menos revuelo:
"Les Maries de la Tour d'Eiffel" (Los Casados de la Torre de
Eiffel), en la que dos gramófonos decían las palabras de los personajes.
El papel del Gramófono Nr. 1 era representado por el propio Cocteau,
mientras personajes acartonados se movían sobre un telón de fondo,
según un mecanismó inventado por Jean Hugo y sincronizado con música
de "Les Six". Todas las noches, mientras duraron las representaciones,
había en la sala alborotos que concluían, por lo general, con aplausos.
En 1920-22, Cocteau publicó nuevos volúmenes de versos:
"Poésie", "Vocabulaire" y "Plain Chant" (Canto
Simple), superó este último a los anteriores por su calidad musical
y poética. En 1922, Cocteau, que había sido llamado repetidamente
"el adolescente perpetuo", cumplió treinta años de edad. "¡ Treinta
años!,, comentó en aquella ocasión, "¿Os burláis cuando ésa es la
gracia de los mármoles?". Como para corroborar sus palabras, aquél
fue uno de los años más productivos en su carrera literaria. Además
de los versos mencionados, dio a conocer: "Etude sur Picasso";
"Paul et Virginie", libreto de ópera cómica, escrito en colaboración
con Raymond Radiguet y música de Poulenc; "Antigone", que fue
su primer ensayo de rejuvenecimiento de una obra clásica, y sus novelas
"Thomas Imposteur" y "Le Graxid Ecart" (El Gran Extravío).
Esta última es una falsa autobiografía, un drama funambulesco y cosmopolita
en que el amor y la pasión parecen el amor y la pasión de muñecos
animados.
Después de esta novela, Cocteau ofreció una versión novísima de "Romeo
y Julieta", realizada en un escenario en tinieblas en que apenas
se bosquejaba un balcón. En 1923, murió Raymond Radiguet; su fallecimiento
fue gran golpe para Cocteau, quien cesó de escribir durante más de
dos años, hasta 1926, en que encontró un alivio a su luto escribiendo
"Orphée", en que Radiguet aparece como Orfeo. La obra fue interpretada
por los Pitoeff.
Posiblemente la muerte de Radiguet influyera en un nuevo retorno al
catolicismo de Cocteau, realizado en medio de una conversión sensacionalista,
aunque efímera, que culminó con su famosa "Letre á Jacques Maritain"
y "Le Mystere laïque" (El misterio laico, 1928), en que intentó
llevar a su última conclusión el desorden sagrado que para él es el
orden.
Por aquel período sufrió dos intoxicaciones de opio, que fumaba para
calmar sus pesadillas. Al salir de la primera, escribió en diecisiete
días, "Les Enfants Terribles" (Infancia Terrible), cuyo personaje
central le fue inspirado por uno de sus compañeros de colegio, llamado
Dargelos, a quien Cocteau admiraba, y que representó siempre el tipo
perfecto del "alumno perverso".
De esta obra escribió Albert Thibaudet: "Les Enfants Terribles"
es el libro de la infancia que sobrevive, de la infancia que se ha
convertido en seres marcados por un signo extraño, en una característica
perdurable, que la edad no logra borrar y que, por el contrario, exaspera.
Así como hay seres que no salen del sueño cuando despiertan, los hay
que no salen de la infancia cuando han crecido. Cocteau los ha conocido
y ha escrito su dolorosa novela".Después de su segunda intoxicación,
de la que se curo en el Sanatorio de Saint-Cioud, Cocteau describió
la historia de su intoxicación en su libro titulado "Opium".
A partir de esta época, se dedicó sobre todo al teatro, en el que
alcanzó grandes éxitos. Su famosa obra en un acto "La voice humaine"
(La Voz Humana) fue representada en La Comedia Francesa. A ella siguieron:
"La Machine Infernale" (La Máquina Infernal); en la que hace
hablar a la Esfinge; "Edipe roi" (Edipo rey), representada en 1937
en el Teatro "Antoine", y "Les Chevaliers de la Tablé Ronde"
(Los Caballeros de la Mesa Redonda).
En un prefacio que es muy importante para la comprensión del drama,
expuso Cocteau la idea que tuvo, durante el curso dé una enfermedad,
en una noche de afiebrado delirio. "Me parece interesante decir cómo
nació esta obra. Y que no se busque un elogio indirecto en el hecho
de que me haga irresponsable de ella. La inspiración no llega necesariamente
de algún cielo. Para explicarla, sería necesario remover la tiniebla
humana y, sin duda, no saldría de allí nada halagador. El papel del
poeta es humilde. El poeta está a las órdenes de su noche.
"En 1934 yo estaba enfermo. Una mañana desperté, habiendo perdido
el hábito de dormir, y asistí, del principio al fin, a este drama,
cuya intriga, época y personajes me eran lo menos familiares posibles...
Tres años después, cuando Markevitch me obligó afectuosamente a ello,
logré sacar la obra de la vaguedad en que la tenía al margen, como
suele ocurrirnos a los enfermos por la mañana, al prolongar nuestros
sueños, y balbucear entre el perro y el lobo e inventar un mundo intermediario
que nos evita el choque de la realidad... Una vez escrita la obra,
me documenté, y me encontré frente a mis defectos de fabulista que
resolví conservar".
"Salvo "la flor que habla", que me vino por un hecho diverso, toda
la obra me fue dada, lo repito, por mí mismo. No hay que ver en este
don. ningún privilegio".
Los personajes son: el rey Arturo, su mujer Ginebra, su sobrino Gawain,
Lancelote del Lago, el encantador Merlín y el caballero de la blanca
armadura Galahad, un nuevo Parsifal en busca del Santo Grial. Los
maleficios de Merlín han embrujado el castillo de Arturo. El propio
Cocteau creó, para el Teatro de louvre, en que fue representada su
obra, el 14 de. octubre de 1937, los decorados y la "mise en scéne"
ideando una serie de trucos: puertas que se abrían solas en el muro
de piedra, objetos que una mano invisible hacía desaparecer, juegos
de luces satánicas y hasta "una flor que habla", mediante la colocación
de un altoparlante. Esto, por lo que respecta al decorado. Pero la
magia de Merlín era todavía más poderosa, pues ella creaba "dobles"
a los personajes reales, figuras grotescas que eran como sus caricaturas.
Y así se veía aparecer, tanto al verdadero Gawain, a la verdadera
Ginebra y al verdadero Galahad, como a sus falsos "dobles". Al final,.
Arturo apuñala a Lancelote, el malvado que le había arrebatado el
corazón de su mujer, y ella expira de dolor junto al corazón de su
amante, pero ambos se reencarnan en las personas de los hijos del
rey de Bretaña.
A comienzos de 1939, estrenó Cocteau "Les Parents Terribles"
(Los Padres Terribles), una sátira sobre el amor maternal absorbente
y exclusivista, que en este caso conduce a la heroína hasta el suicidio
cuando ve que el hijo escapa a su "control". La siguió "Les Monstres
Sacrés" (Los Monstruos Sagrados), cuyo título "debe dar la idea
de una Prima Donna, de un Monstruo Sagrado al estilo de Réjane o de
Sarah Bernhardt". La obra fue estrenada en el Théatre Michel de París,
el 17 de febrero de 1940, y su propósito fue, según Cocteau, hacer
salir al público francés de la psicosis bélica y hacerle olvidar que
en los primeros meses de 1940 se encontraba, por segunda vez en este
siglo, en guerra con Alemania.
Tres años antes, en 1936, queriendo renovar la hazaña de Phileas Fogg,
el famoso personaje de Julio Verne, Cocteau realizó un viaje alrededor
del mundo en ochenta días. El resultado fue "Mon Premier Voyage"
(Mi Primer Viaje), libro de instantáneas sobre lugares, seres y cosas,
a veces irónicas, otras sentimentales. He aquí una típica descripción
suya sobre el Egipto: "La esfinge sale del retroceso de siglos. Semejante
a todas las verdaderas grandezas, mientras más se aproxima, más se
achica. Se amansa y viene a comer a nuestra mano". En. diez líneas
traza la siguiente imagen de la India: "Bombay, ciudad sórdida y limpia
que huele bien. Uniformes de gala. Sargentos de azul prusiano con
una gorra amarilla echada sobre el ojo y el mango de un vasto parasol
enfundado a la izquierda en su cinturón. Colegios bajo los árboles,
arquitectura de Oxford, conciliábulos de alumnos; los cargadores de
agua mantienen en equilibrio sobre los hombros, colgados de una percha,
dos sellos resplandecientes de cobre. Yuntas de bueyes blancos que
el boyero dirige retorciendo la cola al buey".
Al regreso de su viaje, Cocteau declaró: "La gente se hace de mi la
idea de un "shaker" en perpetua agitación. ¡ Qué locura! La violencia
para mí es una cuestión de pureza. Yo no entiendo por pureza la noción
del bien y del mal, sino el estar en regla consigo mismo, sin mezclas,
sin desorden, o en cierto desorden que permita mantenernos sobre una
pauta. Este viaje fue, en suma, un viaje inmóvil las cosas pasaron
delante de mí... fue un reposo, una manera de escapar a la trepidación
que arruina el corazón, una manera de lavarme como quien se pasea
por el cuerpo una servilleta embebida en alcohol".
Interrogado acerca de que país escogería para vivir, contestó:
"En China, porque yo evito siempre lo pintoresco y la excentricidad".
Respuesta típica del más paradójico de los escritores contemporáneos
que, como epígrafe a una de sus obras, "Portraits Souvenir",
colocó la frase "Yo soy un mentiroso que dice siempre la verdad" y
que trazó la biografía de Víctor Hugo en la sentencia "Víctor Hugo
fue un chiflado que decía que era Víctor Hugo".
En 1930 Cocteau había experimentado con el cinematógrafo con "Le
Sang dun Porte" (La Sangre de un Poeta), "film" teratológico.
A partir de la segunda guerra mundial realizó obras cinematográficas
magníficas como: "Le Baron Fantoôme" (El Barón fantasma, 43); "L'eternel
Retour" (El Eterno Retorno, 44), versión modernizada del tema
de Tristán e Isolda; "La Belle et la Béte" (46); "L'aigie
a deux tétes" (El águila de dos cabezas, 48); "Orphée"
y "Los Niños Terribles" (50).
De su cinematógrafo ha dicho Georges Allary: "En los "films" de Cocteau
la palabra y la imagen no se estorban jamás; sino que se completan,
creando una milagrosa unidad ... Se los contempla, se los escucha
como las obras maestras de un museo, como se escucha un poema. Pero
si bien no se cesa de admirarlos, es raro sentirse conmovidos por
ellos. Jean Cocteau no parece tomar del todo en serio la historia
que nos cuenta; en todo caso, no logra dar la impresión de que se
trate de otra cosa que de un juego gratuito... Sus "films" puramente
poéticos son las joyas, el lujo del cine francés".
En "El Aguila de dos cabezas", Cocteau revivió, sin disimulo el melodrama
y explotó el juego de las coincidencias. Una reina de un país cualquiera
de la Europa Central vive en empecinado aislamiento desde la muerte
de su esposo, asesinado el día de su boda. Una noche, en el aniversario
de la tragedia, un poeta anarquista penetra por la ventana a su habitación
con el propósito de asesinarla. Por curiosa coincidencia el anarquista
es el exacto retrato del difunto Rey. En presencia de ella, el anarquista
se siente incapaz de realizar el crimen. Inevitablemente deben ambos
enamorarse. Pero la tragedia debe proseguir también inevitablemente
hacia su desenlace. Vencidos por las fuerzas del mundo exterior, que
los cercan con sus intrigas, y ante la imposibilidad de vivir su sueño
de amor, el poeta se envenena y la Reina, incapaz de sobrevivirle,
se da también muerte, sobre el cadáver de su amante.
Una vez más, "el adolescente perpetuo" quiso mostrar en "El Aguila
de, dos cabezas" su capacidad de innovación y sorpresa. A cada nueva
obra,, "vuelvo sistemáticamente la espalda a la precedente", dijo
una vez. "Es una manera de "debutar" siempre; y por consiguiente,
de permanecer joven".
Su gran recurso dramático ha sido el escándalo. "No amo el Escándalo,
pero él es indispensable para sacudir el buen gusto de los brutos",
explicó una vez. Y efectivamente consiguió hacer saltar, a dinamita,
el arte anquilosado de comienzos del siglo, rodeándose de la "mise
en scene" de un prestidigitador y lanzando y escamoteando paradojas
y símbolos.
Proteiforme, no ha habido actividad artística que no haya abordado.
Entusiasmado ante sus dibujos, Picasso lo instó a que los imprimera
en un volumen. "Los poetas han dibujado siempre", dijo Cocteau. "Nada
me halaga más que me feliciten como dibujante. De dos cosas me habría
sentido orgulloso: de saber dibujar y de tocar jazz".
En otra ocasión comentó que amaba el circo, el "music- hall" y las
orquestas norteamericanas, porque todo ello "fecunda al artista tanto
como la vida misma. Servirse de las emociones que tales espectáculos
despiertan no equivale a hacer arte según el arte. Sirven de excitante
como las máquinas, los animales y el peligro".
Entre sus otras aficiones: los lugares misteriosos con escaleras ocultas,
espejos imprevistos, cabezas griegas, cinturones estrellados, buques,
globos de cristal que arrojan misteriosos resplandores en la penumbra,
manos que parecen emerger de la nada, bustos de Nerón, cajas de música,
maniquíes mecánicos y centenares de recuerdos heterogéneos que pertenecieron
a sus amigos: Darius Milhaud, Honneger, Cristian Bérard y Francis
Poulenc.
Físicamente, Cocteau es como su escritura: rápido, seco, afiebrado.
Nada más difícil que tomarlo como modelo para un retrato, porque no
tiene un minuto de quietud. Se levanta y se sienta continuamente,
cierra un postigo, abre una puerta, va y viene y siempre hablando
precipitadamente, pero con el rostro impasible, sin mover casi los
labios. En cuanto a las arrugas que surcan su rostro de adolescente,
parecen haber sido trazadas en él por su propia mano. Agil y nervioso,
mantiene el cuerpo recto "cual si se mirara en un espejo imaginario",
según la expresión de Ribadeau Dumas. Pero este mismo escritor anota
el hecho de que Cocteau jamás sonríe. Y lo compara a "una llama espejeante
en el viento de la agitación. Sorprendido entre dos corrientes de
aire, Cocteau ofrece la máscara trágica de las figuras de desfile,
la tristeza maquillada del circo. Su agitación tiene algo de drama.
A pesar de su reputación y de sus éxitos, Cocteau ha declarado no
ser un hombre satisfecho. "La poesía ha hecho estragos en mí", dice.
"Pierdo en ella un ojo, una mano, como por los rayos X. Hay los que
viven en su arte, que se reservan, juegan con la admiración del público
y trafican con su talento. A éstos, se les cree; hay otros que mueren,
que se dan enteros; y a éstos se los encuentra ridículos y se los
trata de acróbatas".
Integran su bibliografía las siguientes obras. En poesía: "Escalas"
(con André Lhóte), "Opera", "L'ange Heurtebise", "Anna
la bonne". Poesía crítica: "Le Rappel á LOrdre" (Llamado
al Orden), "Essai de critique indirecte" (Ensayo de crítica
indirecta), "Une entrevue sur la critique" (Una entrevista
sobre la crítica). Poesía gráfica: "Le mystere de Jean LOiseleur",
"Portrait dun dormeur" (Retrato de un durmiente), "Maison
de Santé" (Casa de Salud), "Mythologie avec G. de Chirico"
y, en colaboración con los músicos aparte los "ballets" citados, "Le
Pauvre Matelot" (El Pobre Marinero), con Milhaud, y "Cantate",
con Igor Markevitch. |

Algunos dibujos eróticos
de "El libro blanco".  |
Bibliografía de Cocteau.
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Poema "Un
amigo duerme".
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